Viajar ya no implica necesariamente recorrer todos los rincones de un destino ni encadenar visitas, excursiones y fotografías para sentir que la experiencia ha sido completa.
Dentro del segmento del turismo de alta gama se está imponiendo una nueva filosofía de viaje basada en ritmos más tranquilos, estancias cuidadosamente planificadas y experiencias que permitan disfrutar de cada lugar sin la presión constante del tiempo. Tras el auge de los desplazamientos posterior a la pandemia, muchos viajeros han pasado de querer recuperar el tiempo perdido a buscar una mejor forma de aprovecharlo.
Esta transformación se aprecia especialmente entre personas de entre 55 y 65 años, muchas de ellas próximas a la jubilación o con una mayor flexibilidad para gestionar su agenda. Con menos responsabilidades familiares y una situación económica más estable, tienen una visión más definida de lo que desean obtener de sus vacaciones. “Este tipo de viajero no persigue únicamente destinos icónicos, sino propuestas bien estructuradas, con comodidad, excelencia y tiempo suficiente para disfrutar de cada momento sin prisas”, señala Pilar Vivet, executive manager de Atlantida Travel.
La franquicia de viajes premium ha detectado esta tendencia en un contexto en el que el sector turístico comienza a hablar de la transición del FOMO (fear of missing out) al JOMO (joy of missing out), es decir, el placer de no sentir la obligación de hacerlo todo. “Antes existía la sensación de que había que aprovechar cada minuto y visitar el máximo número de lugares posible. Ahora los viajeros prefieren disponer de tiempo para disfrutar realmente del destino. Desde mi punto de vista, eso permite vivir el viaje de una forma mucho más satisfactoria”, explica Vivet.
Este cambio de mentalidad también modifica la manera de diseñar los itinerarios. Un safari en Kenia, por ejemplo, ya no necesita incluir numerosas paradas para resultar atractivo. Cada vez es más habitual priorizar los enclaves más relevantes y dedicar más tiempo a cada uno de ellos, con la idea de que siempre habrá una oportunidad futura para regresar.
La búsqueda de experiencias más relajadas va acompañada de una planificación cada vez más detallada. El viajero actual dispone de mucha información y analiza aspectos como las conexiones aéreas, las condiciones meteorológicas, la temporada más adecuada o el contexto del destino antes de tomar una decisión. Para Atlantida Travel, esta realidad refuerza la importancia del asesoramiento especializado. No se trata únicamente de recomendar un lugar atractivo, sino de determinar el momento, la ruta y las condiciones ideales para que la experiencia sea cómoda, segura y fluida.
“Las tendencias están condicionadas por muchos factores. Cuando una zona genera más incertidumbre por cualquier motivo, los clientes suelen valorar otras alternativas”, apunta la directiva.
La compañía basa precisamente su propuesta de valor en ese conocimiento actualizado de los destinos. En los últimos meses, algunos viajeros han expresado dudas sobre determinadas rutas aéreas que atraviesan Oriente Medio. Para comprobar la situación sobre el terreno, la propia Vivet viajó recientemente a Sudáfrica haciendo escala en Dubái con Emirates.
“Las operaciones se desarrollan con total normalidad. Entre los pasajeros que tenemos viajando este verano por esos países no hemos detectado incidencias fuera de lo habitual”, asegura.
Asia gana protagonismo
Este escenario también ha favorecido el interés por nuevos destinos. China vuelve a posicionarse como una de las opciones más demandadas, especialmente entre quienes ya han visitado Japón, el gran protagonista turístico de los últimos años, y buscan descubrir nuevas facetas de Asia. A los recorridos clásicos por Pekín, Shanghái, Guilin o Xi’an se suman regiones menos conocidas como Yunnan, situada al sur del Tíbet, donde Atlantida Travel organiza grupos reducidos para acercar a los viajeros a una China más auténtica y tradicional.
Al mismo tiempo, Corea del Sur continúa consolidándose como uno de los destinos emergentes más atractivos, gracias a una combinación de patrimonio cultural, innovación tecnológica y experiencias diferenciadas capaces de seducir a perfiles muy diversos.
Canadá, Centroamérica, Sudamérica y distintos destinos europeos completan un mapa turístico en constante evolución. Paralelamente, la agencia ha observado una menor demanda hacia Estados Unidos respecto a ejercicios anteriores, mientras que países como Italia, Grecia, Islandia, los destinos nórdicos o incluso Groenlandia despiertan un interés creciente. “Europa sigue siendo una apuesta segura. Está cerca, cuenta con buenas conexiones y, para quienes muestran cierta preocupación por la situación geopolítica internacional, ofrece la tranquilidad de poder regresar rápidamente a casa”, explica Vivet.
La personalización como factor diferencial
La clave, según la responsable de Atlantida Travel, no reside únicamente en seleccionar un destino, sino en comprender las necesidades y expectativas de cada viajero. La agencia trabaja con clientes muy informados y exigentes que buscan orientación experta más que información general. “Nuestros clientes saben que contamos con un conocimiento profundo de los destinos que comercializamos. Llegan con una idea inicial y nos preguntan qué les recomendamos o cómo mejorarla. A partir de ahí empezamos a construir el viaje”, comenta.
Ese conocimiento se alimenta de la experiencia directa: visitar hoteles, conocer proveedores y comprobar personalmente cada detalle que puede marcar la diferencia. “Nos desplazamos, analizamos y verificamos cada propuesta porque queremos que el cliente disfrute de una experiencia excelente y se convierta en nuestro mejor embajador”, añade.
En esta nueva concepción del lujo, los grupos reducidos adquieren cada vez más relevancia. Recorrer China junto a una docena de viajeros, con itinerarios cuidadosamente diseñados, propuestas gastronómicas seleccionadas y acompañamiento desde el país de origen aporta una tranquilidad muy valorada por quienes desean evitar imprevistos. Para otros clientes, sin embargo, el verdadero lujo reside en la exclusividad de un viaje privado completamente personalizado. “Diseñar un viaje a medida requiere un trabajo mucho más detallado y adaptado a cada persona. Si alguien busca una experiencia cultural profunda y le preparo un itinerario centrado en las compras, claramente no estaré respondiendo a sus expectativas”, resume Vivet.
Menos masificación, más exclusividad
El crecimiento de la hotelería de lujo y de los pequeños cruceros exclusivos responde a esta misma tendencia. Marcas como Four Seasons, Ritz-Carlton, Aman u Orient Express están apostando por embarcaciones de menor tamaño, capaces de acceder a puertos menos concurridos y ofrecer experiencias más selectas y diferenciadas. “La tendencia es alejarse del turismo masivo y apostar por productos que permitan vivir experiencias realmente singulares”, concluye.
Este perfil de viajero comparte una combinación de factores muy concreta: mayor disponibilidad de tiempo, menos responsabilidades familiares y una clara voluntad de decidir cómo aprovechar sus vacaciones. Algunos prefieren viajar en pareja, otros con amigos o en grupos reducidos, mientras que muchos optan por propuestas completamente privadas y personalizadas. En todos los casos, el objetivo es el mismo: adaptar cada viaje al momento vital, al presupuesto y a las expectativas de quien lo realiza. Una forma de viajar en la que el destino sigue siendo importante, pero donde el ritmo, la compañía y la manera de disfrutar la experiencia adquieren un protagonismo cada vez mayor.

